Mis gafas azul índigo...

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Gafas Azul Índigo

jueves, 17 de enero de 2019

PALABRAS





Hoy hablaré de PALABRAS.


¡Qué importantes son las palabras en la vida! La mía está llena de ellas. 

Creo que me he convertido en una coleccionista de élite. No sé si hay competiciones en coleccionar palabras pero pienso fielmente que yo sería una de las personas con primeros premios en este tipo de concursos. 

Medio kilo de esas palabras me han llevado a la locura, otras me han llenado de tristeza, un puñado de ellas han despertado mis sueños, de forma puntual me han traído a la realidad más brutal que existe y sin embargo, aquí sigo, pendiente de cada una de ellas. 

De vez en cuando mantengo con ellas guerras incesantes por no dejarlas salir a tiempo, por tratarlas sin importancia y después vienen los llantos por no darles su lugar en el momento adecuado. Y las palabras de consuelo, esas, no sirven de mucho cuando el daño ya está hecho. Aunque el tiempo, a veces, me hace un regalo imprevisto y me deja pronunciar aquello que no dejé salir ese día. Y a destiempo fluyen palabras llenas de sentimientos que liberan el alma y la vida. 

Y ahí es donde encuentras la belleza de la palabra LIBERTAD. 

Estamos equivocados guardándonos palabras en los bolsillos de nuestras chaquetas para luego, para después. ¿Sabes si habrá un después? Duro, pero cierto. 

El después no existe si lo que tienes que decir es AHORA.

Y AHORA es el momento preciso para soltar mis palabras. Ahí van.

AMOR, TRANQUILIDAD, FLUIR, VIVIR, VOLAR, CONFIAR, DISFRUTAR, SERVIR, IMAGINAR, PAZ, CONSUELO, VIAJAR, EFÍMERO, DESAYUNO, CONTIGO, AMISTAD, ABRAZO, CAMINO, CIELO, LIBRO, CUENTO, CAFÉ, RESPIRAR, RESPETO, FAMILIA, AMISTAD, SONREIR… (SMILE :-)) …

La lista es larga y extensa y no caben todas aquí, así que os dejo esta pequeña muestra. 

AHORA os diría que saquéis vuestra lista de palabras y empecéis a darle LIBERTAD, como tarea os propongo que hagáis una redacción con todas ellas a ver el discurso que elaboráis.  

Como condición para hacer esa redacción solo os pido que no os olvidéis de una palabra que para mí es una de mis importantes: GRACIAS.

Y así termino de hablar de las PALABRAS, con un GRACIAS enorme por estar ahí, por abrazarme cada día, por descolgar cuando te llamo, por contestar a mis mensajes, por el beso de buenas noches, por los cafés de las mañanas, por las películas que nos montamos, por el ¿Has llegado a casa?, por el ahora te llamo y quedamos dentro de un rato, por el ¿vamos a andar?, por el ¿te acompaño? y por las RISAS que nos echamos y me dan la vida todos los días.

 De corazón y sinceramente, GRACIAS. 


“Gafas azul índigo”

domingo, 7 de febrero de 2016

DEBILIDADES


Hoy hablaré de debilidades. 

Ocultamos a lo largo del día tantas tristezas que llega un momento en el que perdemos la cuenta de todas las penas que acontecen en nuestra vida. Cuesta tanto mostrar una lágrima al exterior que, de vez en cuando, olvidamos que todo el mundo las tiene, que todo el mundo alguna vez en su existencia necesita sacarlas a pasear, para que dejen un espacio limpio en nuestro interior. 

Cuando algo duele y no lo dejamos salir, empieza a crecer un pozo dentro del alma que alberga gota a gota los más hondos pesares. Cuando subimos el cubo con muchas de esas gotas y lo apoyamos en el brocal del pozo, debemos abordar una importante decisión: ¿dejo caer estas gotas de pesar a la vista de todos y todas para que conozcan mi dolor, o bien, las devuelvo al fondo del pozo para que sigan resquebrajando mi alma? ¿Es necesario que los que me rodean sean partícipes de esta pena que me inunda, o por el contrario, tengo que ser yo el/la único/a dueño/a de ese saber?

Después de decidir esta cuestión, ya no hay marcha atrás. Si decides rociar las gotas de ese cubo fuera del pozo, ya no sirven pretextos para no demostrar que algo duele, que algo quema y que no se puede conservar en el interior. Sin embargo, si la decisión es la contraria, y necesitas devolver esas gotas al pozo, la responsabilidad de guardar a buen recaudo ese agua contaminada de malestar será sola y únicamente tuya. No podrás echar la culpa a nadie porque no te alivie de tu dolor, porque no sienta la necesidad de consolarte, porque sin duda nadie sabe lo que ocurre dentro de ti y entonces volverán las dudas a tu mente y de nuevo te plantearás si necesitas sacar esos cubos de malestar fuera de tus dominios. Porque en el fondo, todos y todas necesitamos consuelo en alguna ocasión y nunca es tarde si la dicha es buena, o eso dicen. 

Nos han hecho creer que si sacamos esas tristezas seremos unos/as débiles, personas sin fuerzas de corazón, sin dominio de su ser y sin valor para enfrentarse por sí solas a las batallas humanas provocadas por tantos sinsabores. 

Y es que la persona de por sí ya es débil, nace desnuda, expuesta al exterior sin conocimiento de lo que padecerá durante su existencia y en ese momento, el cuerpo sólo sabe llorar, derramar unas lágrimas y vociferar unos lloros inexplicables ante la vida. ¿Será que dentro de ese ser ,concebido muchas veces bajo el amor de dos, existe la intuición de una vida de debilidades? 

Quizás sólo sea un grito y un lloro de fuerza, de expresar sin palabras que si la vida te plantea tristezas, debilidades y pesares siempre existirá la posibilidad de enfrentarse a ellas aunque sea con el último de nuestros alientos.

Porque cada una de las debilidades a las que nos enfrentamos hacen aparecer una  de nuestras fuerzas para combatirlas. Porque cada mañana de nuestras vidas vendrán los problemas a tocarnos el timbre de la puerta y cada uno/a de nosotros/as arremeterá contra ellos de la mejor forma posible según las circunstancias. Y si los dejamos escapar, volverán a nuestro encuentro, entonces será el momento de apoyarnos en un hombro amigo, de dejar que esas gotas del pozo salgan a la luz y pedir la ayuda que necesitamos. Porque a veces, sólo a veces, hay una mano amiga que te ayudará y será el momento de agarrarte a ella con todo el corazón. 

Hasta entonces, haz con tu “pozo” y con tu “agua” lo que te venga en gana, porque sólo tú eres dueño o dueña de tus debilidades. 

¡Buenas tardes!


Gafas Azul Índigo. 

martes, 24 de noviembre de 2015

"NO PUEDES..."

Hoy hablaré de… “no puedes…”

Tengo en mi mente el recuerdo de esas dos palabras “no puedes” . Crecí en el mundo en el que si no eras de una u otra forma, tú, tú no servías. No puedes hacer esto, tú no puedes hacer lo otro. 

Ya desde pequeña mi cuerpo no tenía la forma deseada para en un futuro ser una modelo de esas de huesos a la vista, de carnes inexistentes , de me soplan y me tiran, de ahora te veo, ahora no te veo. Fui una niña de hueso ancho como solemos decir, de carnes visibles y de mofletes pellizcables y ahora que lo pienso y que el tiempo de la niñez queda lejos, yo era feliz con mis carnes y mis huesos y mis mofletes…

Pero la cruda sociedad, que no la cruda realidad, hizo que por tener mis huesos, mis carnes y mis mofletes, se creara en mi mente un apartado aparentemente inexistente, pero que poco a poco se fue haciendo más grande y que decía… -“Tú no puedes, tú no sirves, tienes muchas carnes, tienes muchos huesos, … “  La verdad es que no decía esas palabras exactamente, pero para que lo veáis con claridad, os ilustraré con una anécdota que jamás conté a nadie, pero que ahora va a pasar a ser de dominio público.

Corría el año…. (no recuerdo bien), tenía unos 6 años aproximadamente, y a la niña que fui, le gustaba bailar. Así que mi madre, sin pensarlo dos veces, fue a la academia de baile y de forma inmediata me apuntó a las clases.

Día 1:  Empezamos a realizar algunos ejercicios, creo que eran de estiramiento (sinceramente no recuerdo bien, o no quiero recordar). Por lo que se ve, yo no hacía los ejercicios bien, y esa profesora de baile cuyo nombre no recuerdo, ni quiero recordar, suelta en mitad de la clase delante de todas las niñas que allí estaban: “Tú no sabes, pareces una rana”. 

Día 2: La niña que fui no volvió a ir más a clases de baile. En mi mente quedó una frase escrita con rotulador indeleble : Tú no sabes bailar, tú no puedes bailar, tú eres una rana. 

Y ahora que lo pienso, yo soy una rana… “Y el príncipe que me besa, ¿dónde está?”

Cuentos de hadas aparte,  el trauma fue brutal y  me dediqué a bailar en la privacidad de mi cuarto por mucho tiempo, junto a mi inseparable radio. Ahí nadie podía decir que yo era una rana, que yo no servía y que yo no podía. 

Pues como esto, todo. 

Hay miles de cosas que no intento porque creo que no puedo. Pierdo tantas oportunidades como pensamientos negativos surgen en mi cabeza. Antes de hacer algo siempre pienso que yo no puedo, y si lo pienso, ya está hecho, mejor dicho, ya no lo hago. 

Con el tiempo he aprendido que todo aquello era mentira, que puedo hacer muchas cosas más de las que creo, que para algunas necesitaré más tiempo que para otras, que para otras necesitaré algo más de dedicación y empeño, para otras utilizaré la fuerza bruta, (aunque más vale maña que fuerza), y otras tantas las dejaré en el olvido porque también he aprendido que no puedo abarcar todo con mis dos manos (aunque siempre me quedará “el tintero” para que vuelvan a surgir y comenzar de nuevo).

A mis 36 bailo delante de cualquiera, y la verdad es que soy una rana, salto sin pensar dos veces quien me  está mirando. 

Quizás no sé hacer muchas cosas, pero las cosas que hago las hago de la mejor forma que sé. 
Si crees que lo puedo hacer mejor, házmelo saber. 
Siempre es bueno intentar cambiar si es para bien. 

Y sólo quería recordarte que ¡TÚ PUEDES!
¡Buenas noches!

Gafas azul índigo. 

miércoles, 23 de septiembre de 2015

AUSENCIAS

Hoy hablaré de las ausencias…


Hace tiempo que solo recuerdo que la persona que se iba era yo.

No había espacio que considerase propio para echar raíces y sentirme de allí, o de aquí, según se mire. Llegaba al lugar en cuestión y por tiempo limitado, lo hacía sutilmente mío, cubría sus paredes con colores y palabras destinadas a provocar felicidad inmediata, a recordarme que al cabo del tiempo esas palabras y esos colores desaparecerían para salir en la maleta hacia otro destino que todavía no tenía nombre aunque sí tenían fecha.

Y mientras el tiempo pasaba, presencia. Una presencia en algunos casos casi imperceptible, un alma errante de pasillos, en ciertas ocasiones fríos, solitarios, y en otras llenos de bullicio, de sonrisas y palabras amables. 

Al marchar, siempre dejas cosas atrás, y por encima de las cosas, personas. 

Cuando me voy nunca noto mi ausencia y algunas veces me pregunto si alguien la nota, repito, mi ausencia. Si cuando estuve, nadie o casi nadie notó mi presencia, es evidente que poco importa ahora si me fui, ¿no?. Pero es entonces cuando te das cuenta de que ese espacio “sutilmente tuyo” ha dado sus frutos y creó conciencia de tu estancia en algunas personas y más que en esas personas en sus corazones. Pequeños mensajes que llegan a través de una pantalla de móvil, ordenador o cualquiera de la enésimas redes sociales que gobiernan nuestras vidas, te hacen consciente de que alguien sintió que estabas allí, y que algún que otro día sacaste tu sonrisa a relucir. 
A ellos y a ellas, ¡gracias!. 

Y es ahora, desde un tiempo relativamente corto hasta este mismo momento cuando el espacio ha empezado a apropiarse de mí, más que yo de él. Ha empezado a considerarme suya, y haciendo gala de una gran cautela por mi parte, le recuerdo día a día y minuto a minuto que la vida da muchas vueltas y lo que hoy es mío mañana puede ser de otro, y lo que hoy tengo mañana se puede haber esfumado, así que sin quitarle las ganas pero sin dárselas del todo, el espacio y yo mantenemos una relación francamente sana. 

No solo yo le recuerdo cosas a ese espacio, sino que ha comenzado a recordarme que han empezado a aparecer las ausencias, esas en las que nunca pensé, pues como he dicho al principio siempre era yo la persona que se iba de los espacios. Ha empezado a informarme de que en esos pasillos, en los que ya no me considero ese alma errante porque en el espacio en el que me encuentro se nota mi presencia y así me lo hacen sentir, en esos pasillos por los que deambulo me acompañan ausencias de personas que llegaron y como yo en algún momento hicieron de ese espacio el suyo propio aunque con fecha de caducidad. El día de esa fecha llegó y esas ausencias se han hecho presencias en otros lugares. 

Hoy solo quiero que sepan que en mis pasillos se echa de menos su presencia  y que no he comprendido lo que significaba una ausencia hasta que su presencia se ha volatilizado de la cotidianidad  de mis días. 

Cuiden sus presencias para que cuando lleguen a ser ausencias, si es que así sucediese, siempre haya un grato recuerdo. 

¡Buenas noches!

Gafas Azul Índigo. 



jueves, 27 de agosto de 2015

"IMPRESCINDIBLES"

Hoy hablaré de los IMPRESCINDIBLES…

Hace tiempo que no nos leemos, y es quizás porque no somos imprescindibles. 
Sabemos que estamos ahí pero en este largo tiempo no nos hemos hecho falta.

A los aficionados del Carnaval, sólo os tengo que decir que no voy a hablar de la comparsa de Jesús Bienvenido, aunque tampoco me disgustaría mucho, pero hoy no es el momento. Sus IMPRESCINDIBLES se han quedado entre coplas encerradas dentro de la lámpara mágica que se abre por Febrero y resulta que estamos en un Agosto tan caluroso en el que sus armaduras se derretirían con la sola brisa de este viento abrasador. 

Dice el Diccionario de la RAE de la palabra IMPRESCINDIBLE:
”1.Dicho de una persona o cosa de la que no se puede prescindir.
 2. Necesario, obligatorio”. 

Resulta que una mañana paseando por mi ciudad natal, pasó a mi lado una persona que quince años atrás formo parte de mi vida casi a diario, y hoy, hoy ya no era nada, más que nada ya no era nadie, ya no éramos imprescindibles tanto el uno como el otro.  Durante muchas tardes de invierno y mañanas de verano nos acompañamos quizás por tu necesidad de aprender y por mi necesidad de enseñar, quizás porque estabas ahí para que la que aprendiese fuese yo, quizás porque mi destino y el tuyo en ese punto de nuestras vidas se unía y no había forma de cambiarlo. La cuestión es que en ese tiempo éramos imprescindibles. 

Al pasar a mi lado, tu mirada divagaba en las cumbres de los edificios que adornaban la calle por la que paseábamos y presiento que ni te percataste de mi presencia. Vacío, pero un vacío que recuerda que una vez estuvo muy lleno, lleno de decepciones y lleno de alegrías por tus pequeños logros, porque al fin y al cabo, tus pequeños logros siempre son mis grandes recuerdos y mis grandes victorias.

Se dice siempre que “Nadie es imprescindible” y en realidad así es, nadie es imprescindible en algún tiempo de la vida para otro. Pero tras esta afirmación hay escondida una gran verdad: “Mañana no serás imprescindible, pero hoy  eres un IMPRESCINDIBLE para mí”  El hoy construye mi mañana, y así sucesivamente, y lo que hoy necesito con todas mis fuerzas, mañana posiblemente no existirá en mi vida y aún así siempre tendré que recordar que estuvo ahí para hacerme ser quien soy hoy.

Si alguna vez hiciese un listado de imprescindibles en mi vida, sin duda sería un listado largo, desde que mis padres me crearon hasta este momento en el que estoy tecleando en este ordenador han pasado casi 36 años llenos de muchos imprescindibles y no tienen que ser todo personas, también existen muchos momentos imprescindibles, aromas imprescindibles, libros imprescindibles, canciones imprescindibles, noches imprescindibles, desayunos imprescindibles, besos imprescindibles, abrazos imprescindibles, lágrimas imprescindibles …

En definitiva, quería agradecer a mis imprescindibles pasados que hayan dibujado en algún momento de sus vidas el camino de mi destino, y que si estuvieron ahí fue porque yo también fui una de sus imprescindibles.  Y a mis imprescindibles de ahora, que tengan mucha paciencia conmigo, soy una persona testaruda cuando me lo propongo y a veces todo lo contrario…

Nos volvemos a leer pronto.

¡Buenas noches mis imprescindibles! 


Gafas azul índigo.

domingo, 15 de marzo de 2015

"CHASCARRILLOS DE VAGÓN"

Hoy hablaré de los “chascarrillos de vagón”. 

Según la RAE “chascarrillo” significa: <<Anécdota ligera y picante, cuentecito agudo o frase de sentido equívoco y gracioso.>> Hasta ahí, todo correcto. 

¡Con lo que me gustan a mí los viajes en tren! Esos que, aunque a veces cortos, son de lo más intenso. Pero claro, no siempre son lo que uno quiere que sean, y sucede que, en alguna que  otra ocasión, resultan hasta divertidos al principio y acaban siendo una odisea, de la que quieres bajar a toda costa y sin mirar atrás. 

Cuando uno viaja en tren, pierde la noción del tiempo, o por lo menos eso me pasa a mí. Entras al vagón, diriges tu mirada hacia el asiento adecuado, y apoyas tus “lindas posaderas” en un vehículo que puede que te lleve más allá del destino que has pagado. 

Lo interesante de esto es que, al igual que tú, en tu mismo vagón se encuentran una veintena de personas más que llevan tu mismo destino, ese que has pagado. 

Las conversaciones se entremezclan, pero siempre hay alguna que otra, que sobresale por encima de las demás, ya que los individuos que la mantienen parecen que acusan una importante sordera y a medio metro de distancia unos de otros, no se enteran. Este es el motivo por el cual, manteniendo siempre un ambiente de discreción, los demás usuarios y usuarias del vagón nos enteramos desde el principio hasta el final de la conversación. Y claro, la temática de la misma, nos debería importar poco, pero cuando empiezas a escuchar palabras que tienen que ver con tu lugar de nacimiento, tu profesión y tu condición sexual, uno no tiene más remedio que “poner un poco la oreja” de forma más agudizada.  Y uno que es una persona educada, no se mete en la conversación, pero me entraron unas ganas irrefrenables de mandarlos a tomar un café de esos que ponen a uno con ganas de ir al “excusado” de forma rápida y veloz, sin miramientos de edad, profesión ni condición sexual. 

Porque según la conversación de estos “personajes” los andaluces hacemos un “chascarrillo” de todo lo que en ese momento estaban contando, porque claro, “SOMOS POBRES” “NO TENEMOS NI PARA COMER” pero somos “MUY GRACIOSOS”. Además “POBRECITOS DE NOSOTROS, QUE TODOS QUEREMOS SER FUNCIONARIOS”. Y en ese momento empiezan tus tripas a ponerse revoltosas y a querer soltar jugos por la boca como loca, con tremenda puntería a ver si por casualidad le diera en un ojo al “personaje” en cuestión. 

Seguidamente, sueltan la joyita de… “Yo no he visitado Almería, pero los almerienses son algunos muy “singracias”. Bueno y si ya te pones con los de Jaén, esos también tienen muy “mala pipa” y algunos sevillanos, ni te cuento. Eso sí, en Málaga, hay unas playas, la mar de malas, las playas buenas están en Cádiz” (Mira ahí, casi dio en el clavo con lo de Cádiz). Y a su vez, una pareja de “Gibraltareños” le contesta: “Sí nosotros tenemos muy buenas playas” ( Y a mí me faltó el canto de un duro para saltar y decirles… “Sí, en vuestra ROCA, tenéis unas playas de lujo”. Pero me callé por educación).

La cuestión es que terminando el trayecto, dio la casualidad de que en el mismo vagón viajaba otro andaluz, y este caballero no se pudo callar al escuchar tanta barbarie y les soltó de forma literal : ¡Menos mal que a los andaluces nos suda (nuestras partes pudientes) de lo que digan aquellos que ni nos conocen!  

Así que antes de subir la voz en las conversaciones de vagón, sean prudentes con su tono y con sus palabras, porque nunca se sabe quien estará al lado o detrás de nosotros escuchando, “sin querer queriendo”  nuestra conversación. 

¡Buenas tardes!

Gafas azul índigo.

martes, 10 de febrero de 2015

"AMOR"


Hoy hablaré del “AMOR”  y es que siendo las fechas que son, es lo que pega, ¿no?. 

El amor, esa palabra cuyo concepto se expande allende los mares, y ¿qué concepto tenemos del amor?  ¡Uf! Ahí me acabáis de pillar, porque la verdad es que yo tengo mi concepto del amor, que en nada tendrá que ver con el que ustedes tengan, o sí. La cuestión es que muchas veces olvidamos lo que significa esta palabra, y la convertimos en algo material y tangible, cuando realmente, ¿podemos tocar el amor?. 

El amor no se puede tocar, pero tras las campañas publicitarias de los Centros Comerciales de “mayor prestigio” podemos comprarlo. Sí, sí, así como lo leen, podemos comprarlo, y cuesta lo que nos queramos gastar, porque amores hay para todos los gustos, desde un detalle en las antiguas tiendas de “Todo a Cien” hoy denominadas “Chino”, hasta una joya de incalculable valor a la venta en los establecimientos de marcas reconocidas, que, eso sí, la joya se te pierde, y ¡A volar el amor!.

Y digo yo, ¿a uno de que le sirve el amor material cuando por ejemplo llega a su lugar de trabajo con esa carita de haber “olido a excremento”?, que así con esa cara, vamos a ver, “alma de cántaro” así el amor se esconde, huye, se fuga lo más lejos posible de tu lado y del lado de los que estés. Con lo fácil que es enseñar los dientes por la mañana temprano (¡Dientes, dientes, que es lo que les jode!), porque por la mañana temprano uno lleva siempre los dientes bien lavados, que dan alegría de verlos aunque los tengas más torcidos que la torre de Pisa.  

Cuando uno abre la boca para enseñar los dientes, o lo que viene siendo lo mismo, para sonreír,  suena música celestial aunque más de uno/a no la escuche, el sol sale aunque esté diluviando fuera y lo mejor de todo es que se produce un contagio múltiple en todas las personas que revolotean a su alrededor . Y ahí, ahí, es cuando entra en juego el AMOR. Ahí salen los “Te quiero” solos, los “¡qué guapo/a estás esta mañana!, los ¡qué bien te sientan los lunes por la mañana! (Aunque he de reconocer, que los lunes, los lunes, el amor viene ya casi en la hora de la siesta, con el café de media tarde y mi trocito de chocolate… ¡Eso es amor!).

En definitiva, el amor lo vive cada uno como quiere y mejor dicho, como puede. Pero eso sí, con una sonrisa en la boca se vive mejor, se quiere mejor y se escribe mejor. (Ahora mismo estoy sonriendo, para que quede constancia). 

Y para terminar, sólo quiero deciros que el AMOR “es lo único que crece si se reparte”. 

¡Buenas noches!

Por cierto,  “Te quiero de aquí a la Luna…
                                                             … Y VUELTA”

Gafas Azul Índigo.




miércoles, 4 de febrero de 2015

"Pepito grillo"

Hoy hablaré de los/as “Pepito grillo”. Los/as “Pepito grillo” son estos personajes de la película Pinocho, que a mi, personalmente, me parecen tan necesarios siempre. Ellos aporrean (en el más cariñoso sentido de la palabra) tu cabeza alertándote  de las consecuencias de hacer una u otra cosa. Te dan el más adecuado de los consejos que te puedan dar porque siempre lo hacen desde el cariño más sincero y si no es así, Señores, Señoras, no se engañen, entonces no son “Pepito grillo”, entonces son “malas pécoras” indistintamente del sexo al que pertenezcan.


Yo, gracias a Dios, tengo “Pepitos grillo” de mucha calidad, ellos/as me salvan de cometer errores, me alertan cuando el peligro me acecha, me liberan de mis presiones cuando éstas agotan mi mirada, hacen que mire las circunstancias desde otra perspectiva ya que por mi mirada nublada no llego a verla, esas y muchas cosas más. 


Como dice la canción “ El que tenga un amor que lo cuide, que lo cuide…” pues yo os digo lo mismo con los/as “Pepito grillo”, cuídenlos/as porque son Tesoros de Vida. 



Quizás no siempre tengan la razón, pero tienen ese punto de verdad, de verdad sólo suya, a la cual haremos caso o no, dependiendo de nuestras propias convicciones y pensamientos y del momento que nos esté tocando vivir. 



Y si eres como yo, algo “cabezón/a” (sin medir el tamaño de la testa), alguna que otra vez, no te sentarán muy bien los consejos que recibas de “Pepito grillo”, aún así comprenderás que lo que hacen, lo hacen por un bien para ti. Y ellos/as deberán comprender que lo que tu hiciste en el momento que lo hiciste, fue porque pensabas que no había forma mejor de hacerlo. 



Esos son los buenos “Pepito grillo”, lo que a pesar de todo te quieren “tal y como eres” (Frase mítica de esta película tan cursi que hemos visto más de “tropecientas” mil veces, “Diario de Bridget Jones”). 



Hasta aquí mi entrada de hoy, tan solo desearos que la vida os otorgue muchísimos “Pepitos grillo” que os hagan la vida mucho más fácil y os hagan ser conscientes de la realidad en la que vivís para  poder mejorarla a cada paso que deis. 



Buenas noches. 



Gafas azul índigo. 


viernes, 23 de enero de 2015

"Maritoñis"


     Hoy hablaré de las “Maritoñis” y antes de nada quiero pedirles disculpas a todas esas Antonias fabulosas y maravillosas, que conozco y que conoceré, por utilizar su nombre para este escrito, pero es que hoy he comenzado a llamarlas así y así se van a quedar, con “Maritoñis” por la Gracia de Dios…

Las “Maritoñis” son esas señoritas que sin ser llamadas acuden a mi vida casi en masa, para ponerme un nudo en la garganta, porque literalmente se me atraviesan, y hacen que me den ganas de toser cada vez que me hablan de alguna de ellas.

No os podéis imaginar lo molesta que es una “Maritoñi” en acción, se meten en tu vida, sin permiso y porque anteriormente a ti, ya habían estado en la vida de alguien que ahora está en tu vida, se creen con el derecho a fastidiarte la tuya, aunque ellas no lo sepan. 

Una “Maritoñi” te da por saco, sin tú hacer nada, simplemente aparece un día en la boca de alguien y de repente… ¡Zas! hasta en la sopa… “Maritoñi” por aquí, “Maritoñi” por allá… 

-“Maritoñi” Por Dios, ¿te quieres ir al mismísimo carajo?

Pero no, “Maritoñi” se queda a vivir en mi vida, haciéndome sentir de nuevo esa extraña sensación de malestar, de inseguridad, de insatisfacción contenida (porque “Maritoñi” siempre será mejor que tú en todo),  de… ¡Dios mío, otra vez! 

Y lo digo con la boca muy grande ¡Estoy harta de “Maritoñis”! 

“Zeñó”, pero ¿qué habré hecho yo para merecer esto? 

La cuestión es que no sé cómo escapar de las “Maritoñis” si alguien conoce algún remedio eficaz, por favor, le pido que lo comparta conmigo, y ya le pagaré en especias… de la India (como mínimo), 


Buenas noches, ¡Hasta otra! (espero que sin “Maritoñis” de por medio). 

Gafas azul índigo.