Hoy hablaré de… “no puedes…”
Tengo en mi mente el recuerdo de esas dos palabras “no puedes” . Crecí en el mundo en el que si no eras de una u otra forma, tú, tú no servías. No puedes hacer esto, tú no puedes hacer lo otro.
Ya desde pequeña mi cuerpo no tenía la forma deseada para en un futuro ser una modelo de esas de huesos a la vista, de carnes inexistentes , de me soplan y me tiran, de ahora te veo, ahora no te veo. Fui una niña de hueso ancho como solemos decir, de carnes visibles y de mofletes pellizcables y ahora que lo pienso y que el tiempo de la niñez queda lejos, yo era feliz con mis carnes y mis huesos y mis mofletes…
Pero la cruda sociedad, que no la cruda realidad, hizo que por tener mis huesos, mis carnes y mis mofletes, se creara en mi mente un apartado aparentemente inexistente, pero que poco a poco se fue haciendo más grande y que decía… -“Tú no puedes, tú no sirves, tienes muchas carnes, tienes muchos huesos, … “ La verdad es que no decía esas palabras exactamente, pero para que lo veáis con claridad, os ilustraré con una anécdota que jamás conté a nadie, pero que ahora va a pasar a ser de dominio público.
Corría el año…. (no recuerdo bien), tenía unos 6 años aproximadamente, y a la niña que fui, le gustaba bailar. Así que mi madre, sin pensarlo dos veces, fue a la academia de baile y de forma inmediata me apuntó a las clases.
Día 1: Empezamos a realizar algunos ejercicios, creo que eran de estiramiento (sinceramente no recuerdo bien, o no quiero recordar). Por lo que se ve, yo no hacía los ejercicios bien, y esa profesora de baile cuyo nombre no recuerdo, ni quiero recordar, suelta en mitad de la clase delante de todas las niñas que allí estaban: “Tú no sabes, pareces una rana”.
Día 2: La niña que fui no volvió a ir más a clases de baile. En mi mente quedó una frase escrita con rotulador indeleble : Tú no sabes bailar, tú no puedes bailar, tú eres una rana.
Y ahora que lo pienso, yo soy una rana… “Y el príncipe que me besa, ¿dónde está?”
Cuentos de hadas aparte, el trauma fue brutal y me dediqué a bailar en la privacidad de mi cuarto por mucho tiempo, junto a mi inseparable radio. Ahí nadie podía decir que yo era una rana, que yo no servía y que yo no podía.
Pues como esto, todo.
Hay miles de cosas que no intento porque creo que no puedo. Pierdo tantas oportunidades como pensamientos negativos surgen en mi cabeza. Antes de hacer algo siempre pienso que yo no puedo, y si lo pienso, ya está hecho, mejor dicho, ya no lo hago.
Con el tiempo he aprendido que todo aquello era mentira, que puedo hacer muchas cosas más de las que creo, que para algunas necesitaré más tiempo que para otras, que para otras necesitaré algo más de dedicación y empeño, para otras utilizaré la fuerza bruta, (aunque más vale maña que fuerza), y otras tantas las dejaré en el olvido porque también he aprendido que no puedo abarcar todo con mis dos manos (aunque siempre me quedará “el tintero” para que vuelvan a surgir y comenzar de nuevo).
A mis 36 bailo delante de cualquiera, y la verdad es que soy una rana, salto sin pensar dos veces quien me está mirando.
Quizás no sé hacer muchas cosas, pero las cosas que hago las hago de la mejor forma que sé.
Si crees que lo puedo hacer mejor, házmelo saber.
Siempre es bueno intentar cambiar si es para bien.
Y sólo quería recordarte que ¡TÚ PUEDES!
¡Buenas noches!
Gafas azul índigo.